La XVIII dinastía Egipcia fue una de las más importantes de la historia de esta civilización. La familia real conservó el poder durante casi 250 años. Hasta diez generaciones de faraones se sucedieron en el trono de Egipto entre los que destacan Tutmosis III, Akenatón, Nefertiti, Hatshepsut o el famoso Tutankamón. Con ellos el Imperio Nuevo Egipcio alcanzó su mayor extensión territorial y su mayor poderío económico. Durante el reinado de Amenofis III (1389 – 1351 a.C.) Egipto llegó a la cúspide de su poder, pero luego tras su muerte empezó un período muy caótico.
El hijo y sucesor de Amenofis fue Akenatón, quien movió la capital a una nueva ciudad, que conocemos como Amarna. Su reinado marcó una ruptura con las tradiciones del Antiguo Egipto. Akenatón impulsó una reforma religiosa que buscaba sustituir todo el panteón egipcio por el culto exclusivo a Atón, representado como un disco solar que otorgaba vida. Este fue un cambio radical tanto religioso como político, puesto que en Egipto los sacerdotes tenían una gran influencia en las decisiones políticas del imperio.

Tras la muerte de Akenatón, la mayoría de sus reformas fueron desmanteladas y Egipto volvió rápidamente a sus antiguas tradiciones religiosas. Sus sucesores, decididos a borrar cualquier rastro de su “herejía”, eliminaron su nombre de las inscripciones y de los monumentos. Los templos dedicados a Atón que mandó construir se reconvirtieron para honrar a los dioses tradicionales, y en algunos casos fueron totalmente desmantelados para reutilizar los materiales para otras construcciones.
Los historiadores conocen este tiempo de inestabilidad como “período de Amarna”, nombre tomado de la ciudad desde la que Akenatón gobernó y que, tras su muerte, fue abandonada, quedando como un símbolo del fracaso de su revolución religiosa…. Sin embargo, Akenatón no llevó a cabo en solitario su ambicioso reformismo. La historia de la mayoría de las civilizaciones suele conocerse a través de las acciones de sus reyes, pero en este caso hubo alguien más que compartió su protagonismo.
El período de Amarna no puede entenderse sin conocer a sus reinas; en especial debemos tener muy en cuenta a Nefertiti, esposa real de Akenatón y protagonista de uno de los mayores misterios del antiguo Egipto. Junto al faraón, impulsó el culto a Atón y participó activamente en la vida política y religiosa. Podríamos decir que fue algo excepcional para una mujer en aquella época, pero realmente la faraona Hatshepsut ya había gobernado el imperio en solitario un siglo antes.

Las representaciones artísticas muestran a Nefertiti representando un papel equiparable al del propio Akenatón, realizando ofrendas, presidiendo ceremonias y ejerciendo autoridad real. Su influencia fue tan grande que después de la muerte de su esposo gobernó Egipto durante un breve período, quizás bajo el nombre de “Neferneferuatón”. Pero el verdadero misterio que rodea a Nefertiti no está en su reinado, sino en su final: aún hoy, en pleno 2025, desconocemos el paradero de su momia.
La célebre Nefertiti sobrevivió a su esposo y también al breve reinado de Semenejkara, un faraón enigmático del que apenas se conservan referencias. Debido a la política de damnatio memoriae impuesta por los sucesores de Akenatón, gran parte de los registros de aquella época fueron destruidos o alterados, lo que deja amplios vacíos en nuestra comprensión. Sea como fuere, tras la muerte del faraón y ante la corta edad de Tutankamón, Nefertiti asumió el poder como faraona durante un breve periodo, quizás de dos o tres años.
Las reconstrucciones modernas de la cronología egipcia sugieren que la reina murió unos años más tarde, ya durante el reinado de Tutankamón. A partir de ese momento, su rastro desaparece de los registros oficiales. Todo indica que recibió sepultura en algún lugar acorde a su rango, pero el destino final de su cuerpo se ha perdido en el tiempo.
Nefertiti debería haber sido enterrada junto a su esposo en la Tumba Real de de Akenatón. Sin embargo al final del período de Amarna la familia real abandonó la ciudad para regresar a Tebas y las habitaciones laterales de la Tumba Real nunca llegaron a completarse. Además, la momia del propio Akenatón se trasladó hasta la tumba KV55, en el valle de los reyes para descansar con todos los demás miembros faraones de la XVIII dinastía.
La momia de Nefertiti no acompañó al Faraón porque la reina falleció unos años más tarde. Sabemos muy poco de lo que sucedió en Tebas durante los años que van desde la muerte de Akenatón hasta la muerte de Nefertiti y Tutankamón. Para los historiadores en este punto terminaron las pistas y los registros que nos puedan ayudar a conocer dónde está enterrada Nefertiti. No fue hasta 1898 cuando los arqueólogos encontraron la siguiente pieza de este rompecabezas.
En el Valle de los Reyes se descubrió la tumba KV35, originalmente construida para Amenofis II, abuelo de Amenofis III y bisabuelo de Akenatón. Sin embargo ahí dentro no solo se encontró la momia de Amenofis II. Dos siglos después del período de Amarna, durante una época oscura para la historia de Egipto, el escondite KV35 se usó como depósito de momias para evitar los saqueos. Dentro de la tumba se guardaron las momias de faraones de la XVIII, XIX y XX dinastías, incluyendo las momias de dos mujeres cuya identidad era desconocida. ¿Podría ser una de ellas la reina Nefertiti?
Estas mujeres fueron catalogadas con los nombres de “Dama anciana” y “Dama joven”. Debido al misterio del paradero de la faraona, pronto se especuló que la “Dama anciana” era en realidad Nefertiti. Por desgracia, los análisis del ADN realizados en el año 2010 confirmaron que en realidad se trataba de Tiye, la esposa de Amenofis III y, por lo tanto, madre de Akenatón.

En cuanto a la identidad de la “Dama joven” además de análisis de ADN también se realizaron tomografías computarizadas para estudiar su cuerpo en tres dimensiones y obtener más pistas sobre su identidad. Los resultados revelaron que en realidad se trataba de una hija desconocida de Amenofis III, y lo más relevante: era la madre de Tutankamón.
Nefertiti no cumplía ninguna de las dos condiciones: no era pariente directa de la familia real, pues provenía de otra influyente familia noble, y aunque era esposa de Akenatón, Tutankamón no aparece como su hijo en ninguno de los documentos antiguos. Una vez más, los arqueólogos se habían quedado sin candidatas. Sí, habían identificado a dos reinas que hasta entonces se creían perdidas, pero ninguna de ellas era Nefertiti. La célebre faraona seguía sin aparecer.
Los arqueólogos rastrearon la presencia de Nefertiti en todas las tumbas del valle de los reyes. Incluso se realizaron escaneos de las paredes de la tumba de Tutankamón en busca de una cámara oculta que pudiera albergar sus restos, pero no se encontró nada. Hoy en día, las principales candidatas a ser la momia de Nefertiti son dos cuerpos hallados en la tumba KV21, también en el Valle de los Reyes.
Los arqueólogos sospechan que las dos momias de la tumba KV21 eran madre e hija, al igual que ocurrió con Tiye y la “Dama joven”, ya que fueron encontradas juntas. Sin embargo, desde su descubrimiento en 1817 hasta su estudio en 1989, la tumba sufrió graves daños y los restos, tanto materiales como humanos, quedaron dispersos. El mal estado de conservación de las momias ha impedido que los científicos puedan confirmar su identidad con total certeza.

Los genetistas consideran bastante probable que la momia KV21a sea la madre biológica de los dos fetos encontrados en la tumba de Tutankamón. Esto la identificaría como Ankhesenamón, esposa (y hermanastra) del joven faraón.. ¿Sabes quién era la madre de Ankesenamón? Si este árbol genealógico tan enredado por la endogamia te resulta confuso, te lo cuento yo: su madre fue Nefertiti.
Así que, teniendo en cuenta su posible vínculo con la otra momia encontrada en la tumba, la edad que tendría al momento de su muerte y la falta de alternativas más sólidas, la momia KV21b se considera hoy la principal candidata a ser Nefertiti, la reina desaparecida. A pesar de ser la principal candidata, aún no hay pruebas concluyentes que confirmen que KV21b sea realmente Nefertiti. Los análisis genéticos y las tomografías han aportado pistas, pero el pésimo estado de conservación de la momia limita la certeza de los resultados. La búsqueda continúa, y cada nuevo hallazgo en el Valle de los Reyes podría acercarnos un poco más a resolver el misterio de la reina desaparecida. Mientras tanto, Nefertiti sigue siendo una de las figuras más enigmáticas y fascinantes del antiguo Egipto.


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