Los humanos tenemos 23 pares de cromosomas. Uno de estos pares son los cromosomas sexuales, el cromosoma X y el cromosoma Y. Por lo general, una persona que hereda de sus padres dos copias del cromosoma X tendrá órganos reproductivos femeninos. A su vez, esas personas que heredan una copia del cromosoma X y una copia del Y tendrán órganos reproductivos masculinos.
El cromosoma Y es especial, porque solo se trasmite del padre a sus hijos varones. Estudiando la herencia del cromosoma Y podemos seguir una línea genealógica paterna ininterrumpida. Esto nos permite estudiar la historia evolutiva de TODOS los hombres del planeta siguiendo sus ancestros.
¿Cómo se hace?
El cromosoma Y, como cualquier fragmento de ADN acumula unas pocas mutaciones en cada generación. Si cogemos el ADN de dos personas al azar en una población, podemos estimar cuan emparentados están comparando las similitudes de su ADN. Cuantas más mutaciones compartan, más emparentados están.
Este pequeño ejercicio de comparación de ADN se puede extrapolar no solo a unos pocos individuos, sino hasta toda la población del mundo. Podemos seguir la línea genealógica de un hombre, hasta su padre, su abuelo paterno, su bisabuelo paterno… hasta llegar a un hombre que fue el antecesor común de todos los humanos por línea paterna.
Llamamos a este hombre “Adán cromosómico”. Esta hipotética persona no tiene ninguna relación con el personaje bíblico. Sabemos que el Adán cromosómico vivió en África hace unos 200.000 – 300.000 años y que sus descendientes poblaron el planeta. Esto no significa que fuera el único hombre en la tierra, sino que solamente su linaje es el que perdura hasta la actualidad.
¿Y qué pasó con los hijos de los otros hombres que vivieron junto al Adán cromosómico?
Pues que posiblemente sus genes no han llegado hasta la actualidad siguiendo una estricta línea paternal. Pero no os preocupéis, porque también podemos seguir este mismo ejercicio por línea materna.
Dentro de nuestras células se encuentran las mitocondrias, unos orgánulos que se encargan de proporcionar energía para el funcionamiento de las células. Todas nuestras mitocondrias las hemos heredado exclusivamente de nuestras madres.
En el momento de la fecundación, los espermatozoides pierden sus mitocondrias y solo conservamos las que se encuentran presentes dentro del óvulo. Y, por lo tanto, solo nos quedamos con las mitocondrias que provienen de nuestra madre.
Dentro de estos orgánulos también hay ADN, lo que llamamos cromosoma mitocondrial. Y como cualquier otro fragmento de ADN, también sufre mutaciones a un ritmo constante a lo largo de las generaciones.
Gracias a las técnicas de secuenciación genética, podemos seguir la línea genealógica materna de todas las personas del mundo y llegamos a la misma conclusión:
Hace unos 200.000 años, también en África, existió una mujer que fue la antecesora común de todos los humanos vivos por línea materna. Llamamos a esta mujer hipotética “Eva mitocondrial”.
La Eva mitocondrial muy posiblemente nunca conoció al Adán cromosómico. Tampoco era la única mujer sobre la faz de la tierra, pero podemos confirmar que las demás mujeres de la época en la actualidad no tienen descendencia viva por línea materna.
¡Pero quizás esta no es toda la verdad!
Nuestro conocimiento actual de genética y reproducción humana nos ha hecho replantear conceptos como los de Adán cromosómico y Eva mitocondrial. Ahora sabemos que una persona que tiene cromosomas XY puede desarrollar órganos reproductivos femeninos, e incluso en algunos casos raros puede tener descendencia.
También sabemos desde hace unos pocos años, que existen algunos casos excepcionales en los que el ADN de las mitocondrias del padre se transmite a la descendencia.
Estos casos son extremadamente raros, pero estamos hablando de escalas de tiempo enormes. En 200.000 años ha habido unas 10.000 generaciones de humanos, y esto hace muy posible que al menos una vez se haya roto esta línea genealógica tan perfecta que hemos planteado.
Al menos una vez en la historia de la humanidad, una persona con órganos reproductivos femeninos, pero con cromosomas XY ha pasado el cromosoma Y a su descendencia. Y al menos una vez en la historia de la humanidad, un hombre ha pasado sus mitocondrias a sus hijas.
Es posible que tengamos que replantear los conceptos de Eva mitocondrial y Adán cromosómico para ajustar nuestra historia evolutiva teniendo en cuenta todas las pequeñas excepciones que nos vamos encontrando por el camino.


Deja un comentario