Ilusiones del cerebro: la percepción del tiempo

Nuestro cerebro es un superordenador capaz de hacer una multitud de cálculos en muy poco tiempo. Uno de estos cálculos que hace constantemente es la percepción del tiempo. Cuando vemos a una persona hablar, el movimiento de sus labios lo percibimos mediante ondas de luz; a su vez, sus palabras las percibimos mediante ondas de sonido.

La luz y el sonido viajan a diferentes velocidades. Concretamente, la luz va unas 100.000 veces más rápido que el sonido. Por lo tanto, la luz llega a los ojos de forma casi instantánea, mientras que el sonido llega a nuestras orejas con unos milisegundos de retardo.

A esta disincronía hay que añadirle el factor neuronal. El tiempo que necesita nuestro cerebro para procesar la información visual es distinto al tiempo que tarda en procesar la información auditiva. Estamos hablando de diferencias de microsegundos, pero para nuestro cerebro es una diferencia notable.

A pesar de todas estas descoordinaciones, el cerebro es capaz de organizar temporalmente la luz y el sonido. El resultado de todos estos cálculos es que nosotros vemos como los labios de la persona están sincronizados con sus palabras.

El campo de la percepción del tiempo es muy intrigante y complejo. Una de las mejores formas para conocer cómo funciona la percepción es observando cuando falla, lo que conocemos como ilusiones.

En una videollamada o en un video grabado, no notaremos que hay una mala sincronización hasta que supere los 250 milisegundos (una cuarta parte de un segundo). Cuando se supera este límite, empezamos a ver como el sonido no se corresponde del todo con el movimiento de los labios.

Unos científicos investigaron sobre este umbral de 250 milisegundos mediante un simple videojuego. Los participantes tenían que mover un avión en el videojuego utilizando el ratón. Luego de practicar, los investigadores pusieron un retardo de unos pocos milisegundos en el movimiento del avión. Los participantes tardaron un tiempo en acostumbrarse al retardo, pero consiguieron poder jugar de forma normal. Su cerebro había aprendido a sincronizar el movimiento mecánico del ratón con la información visual del avión del videojuego.

En la segunda parte del experimento, los investigadores quitaron el retardo en el avión. Los participantes tuvieron grandes problemas en volver a jugar al videojuego de forma normal, porque su cerebro había aprendido a jugar al videojuego teniendo en cuenta el retardo.

Este fue un experimento importante para conocer la capacidad de adaptación del cerebro y para conocer como percibía el tiempo. Pero durante la segunda parte del experimento, algunos participantes notaron algo extraño. Algunos participantes vieron como el avión se movía ANTES de mover el ratón.

¿Cuál es la explicación? ¿Los participantes pudieron ver el futuro? Pues no, lo que sucedió es que el cerebro de los participantes, acostumbrado al retardo, se equivocó; no supo organizar temporalmente los eventos. El cerebro recibió la información muscular de la mano al mover el ratón y luego la información visual del avión moviéndose. Pero al quitar el retardo de unos pocos milisegundos, el cerebro no supo calcular cuál de las dos informaciones iba primero.

Este experimento permitió ayudarnos a conocer más el funcionamiento de nuestro cerebro gracias a conocer uno de sus fallos, gracias a conocer una de sus ilusiones. En un futuro hablaremos de más detalles acerca de la percepción del tiempo.


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